Murchante está situado al sur de Navarra y dista 95 de kilómetros de Pamplona. Pertenece geográficamente al Valle Medio del Ebro y su casco urbano se alza en una terraza fluvial sobre el río Queiles a 323 metros de altura. El término municipal es reducido, sólo 13,28 kms., pero está muy bien comunicado a través del ferrocarril, autovía A-68 y autopista AP-68. El clima, tipo mediterráneo –continental, con cielos luminosos y escaso en lluvias, de ahí la importancia del agua para su amplia gama de cultivos de regadío. Agua que recibe del cercano Moncayo y del Canal de Lodosa. En pleno siglo XXI es un pueblo dinámico en continuo crecimiento cuya población es de 3.906 habitantes según el censo de 2016. Tiene una amplia oferta gastronómica y cultural. Destacando el recientemente reorganizado Museo Basiano, donde se expone una interesante muestra de la obra pictórica del pintor navarro, nacido en Murchante.

No es corta la historia de Murchante pues su poblamiento se remonta a la Prehistoria. En las terrazas fluviales del término municipal se han encontrado restos de herramientas de sílex, de finales del paleolítico y comienzos del Neolítico. Con la llegada de los romanos, la proximidad a los centros urbanos de Turiaso (Tarazona), Cascantum (Cascante) y Graccurris (Alfaro) potenció su desarrollo, como lo demuestran hallazgos de monedas, utensilios e incluso restos de edificaciones que podrían pertenecer a una “villa” romana de primeros siglos de nuestra era.

Años 40. Antigua iglesia de Murchante, y a su derecha, sobre el atoque, vista lateral del ayuntamiento viejo.

En el año 711 la entrada de los musulmanes a la Península Ibérica modificó el panorama de la zona. El conde visigodo que la dominaba, de nombre Casius, pactó con los nuevos dominadores y se convirtió a la religión mahometana dando origen a los Banu-Casi. Por otra parte asistimos al desarrollo de una nueva población: Tudela, que toma el liderato de la comarca. Tras la conquista cristiana en 1119, Murchante, que en la documentación aparece como: Murzant, Murgan o Murxant, acabará cayendo bajo el dominio del Deán de Tudela, cabeza visible del cabildo de la iglesia de Santa María. En aquella época poblaban Murchante unas pocas familias, en su mayor parte musulmanas, que cultivaban las tierras pertenecientes al Deán. Contaba también con castillo del que quedan algunos restos.

La Edad Moderna trajo abundantes cambios. El más trascendente fue la expulsión de los moriscos, decretada en 1516. Algunos se convirtieron al cristianismo y continuaron viviendo aquí. Paralelamente, la mezquita, con licencia del obispo de Tarazona, se transformó en iglesia. Durante los siglos siguientes el municipio siguió creciendo, aunque sufrió la acometida de las pestes que diezmaban temporalmente la población, pero la alta natalidad y, sobre todo, la llegada de nuevos colonos compensaban con creces esas pérdidas.

El siglo XVIII fue muy trascendente en la historia de Murchante con un crecimiento sensible del número de vecinos que pasó de 36 familias en 1675, a 59 en 1726, lo que significa un aumento del 66%, bastante por encima de la media de la merindad de Tudela que lo hizo sólo en un 16%. No paró aquí la expansión, pues a finales de siglo alcanzaba una cifra cercana a los quinientos habitantes. Por otra parte el municipio consiguió, después de enconados y largos procesos judiciales, una cierta autonomía. Tengamos en cuenta que el Deán de Tudela, como señor de Murchante, poseía el derecho a imponer las Ordenanzas Municipales que regulaban la vida económica y social de la pequeña comunidad, a lo que se oponía el municipio, lo que dio lugar a largos conflictos sustanciados en los tribunales del Reino de Navarra. Las sentencias favorables a Murchante despejaron el camino para elaborar sus propias Ordenanzas Municipales, que fueron aprobadas por el Consejo Real de Navarra en 1769. Por otra parte, disponía ya de una serie de servicios vitales como eran la carnicería, pescadería, taberna, horno de pan, cirujano, maestro, sastre, herrero, alguacil e incluso una cárcel donde recluir a posibles delincuentes.

Uno de los pilares básicos en que se basó el auge demográfico y el afianzamiento político de Murchante es, sin lugar a dudas, una boyante economía basada en el cultivo de la vid, tradición centenaria y que había ido afianzándose a pesar de las prohibiciones de plantar viñas en terrenos de pastos. Pero otra de las características de Murchante ha sido el deseo de libertad. Asombra ver el camino erizado de dificultades y el valor cívico de aquellos bailes y regidores (los concejales de la época) enfrentándose primero al poderoso Deán de la catedral de Tudela y posteriormente al Alcalde de dicha ciudad en costosos pleitos.

Calleja estrecha con reminiscencias del urbanismo musulmán

Vista de Murchante a mediados del siglo XIX (Archivo Real y General de Navarra)

Con la llegada del siglo XIX asistimos al momento más importante de su larga historia. Por primera vez, Murchante consigue ser dueño de su destino sin depender de poder eclesiástico o civil. La revolución liberal, producida en España en las primeras décadas, acabó con el Antiguo Régimen no sin fuertes convulsiones y guerras, dando paso a una monarquía constitucional. Fue precisamente la Constitución de Cádiz (1812) la que, al acabar con los señoríos jurisdiccionales, propició que Murchante alcanzase su total independencia y pudiera contar con alcalde y corporación municipal propia. Paralelamente a los cambios políticos, la localidad experimentó a lo largo del siglo XIX transformaciones importantes en su economía y población.

Lo mismo que el siglo anterior, el vecindario seguirá aumentando. Si tomamos como base los exiguos 500 habitantes que poblaban el municipio hacia 1800, vemos que se multiplicaron hasta alcanzar una cifra cercana a los 2.000 a principios del siglo XX. Se convierte así en el municipio de mayor densidad de la Merindad de Tudela, con 90 habitantes por km2, a mucha distancia de la media, situada en 27. Este crecimiento, muy por encima de Navarra y de España, se basaba en dos factores. Primero, el aumento vegetativo, es decir la diferencia entre nacimientos y muertes. Segundo y principal, la llegada de nuevos pobladores. Sólo un dato más para entender el espectacular crecimiento de Murchante. En el siglo XVII, ocupaba el puesto decimoctavo entre los 24 municipios de la Merindad; en 1900 se había encaramado ya al octavo. A pesar de todo, el camino no fue fácil pues hubo momentos peligrosos tanto por las guerras como por sucesivas epidemias de Fiebre Amarilla y Cólera que diezmaron su población. Uno de los peores momentos coincidió con la Guerra de la Independencia (1808-1814), singularmente, tras el espantoso saqueo del pueblo que siguió a la batalla de Tudela (23 de noviembre de 1808), así como los obligados suministros a las tropas francesas y a las guerrillas.

Por otra parte, el auge poblacional se sustentaba también en una economía dinámica en la que el vino seguía ocupando el papel preponderante de siglos anteriores. Papel que se va incrementar con las nuevas medidas generadas tras la revolución liberal. Efectivamente, la desaparición de la Mesta supuso la posibilidad de colonizar para la vid amplias extensiones antes dedicadas preferentemente a pastos para el ganado. En lo que se refiere a Murchante, la presión demográfica llevó a roturar la zona de Montes de Cierzo correspondiente a su término municipal, tierras que hoy monopoliza la vid con el sonoro nombre de “Monte de las Viñas”.

Como consecuencia de este dinamismo se producen una serie de cambios en el urbanismo que se traducen en la aparición de nuevas calles y grandes casonas levantadas por familias enriquecidas. Pero el más evidente fue la remodelación y ampliación de la pequeña iglesia del siglo XVI, hasta convertirla en un templo capaz de acoger a todos sus habitantes. Asimismo, Murchante estba bien comunicado, no sólo por carretera sino también por ferrocarril, pues en 1885 se inaugura la vía férrea Tudela –Tarazona, lo que posibilita la rápida salida sus productos hacia los diversos mercados.

Siglos XX-XXI
La vid que había sido el auténtico motor de la vida murchantina durante la segunda mitad del XIX sufrió una gravísima crisis al aparecer la filoxera, enfermedad proveniente de Francia y que llegó a esta zona en 1897. En pocos años destruyó la mayor parte del viñedo murchantino y acabó, a la vez, con el principal medio de vida. La muerte de las viñas trajo el paro a numerosos jornaleros que vivían de su cultivo, así como de vendimiar el fruto y acarrearlo a las bodegas. Muchas de estas, permanecieron durante años semivacías, dejando sin trabajo a cuantos participaban en la elaboración de los caldos. Como consecuencia, la población hubo de buscar nuevos horizontes emigrando a América y diversas regiones de España, El crecimiento demográfico, tan importante durante el siglo XIX, se ralentizó y, posteriormente, en la década de los años veinte, se invirtió la tendencia al alza. Por primera vez en los dos últimos siglos, Murchante, perdía población y pasaba de 2.169 habitantes en 1920 a 2.105 en 1930. También el municipio, privado de la importante fuente de ingresos aportada por el garapito, acentuó el déficit, que hubo de paliarse con nuevas contribuciones y préstamos, así como la reducción del presupuesto municipal.

Aunque la crisis filoxérica potenció el cultivo alternativo de otros productos como los cereales o la remolacha azucarera, Murchante seguía siendo en las primeras décadas del siglo un municipio esencialmente vinícola. Sin embargo, la llegada de las aguas del Canal de Lodosa (1935) dio un nuevo impulso a la agricultura e hizo que Murchante se convirtiese en uno de los escasos municipios que podían regar la mayor parte del término municipal. En la década 1950-1960 apareció el movimiento cooperativo en Murchante con dos cooperativas vinícolas que, posteriormente, se fusionaron en Cooperativa Vinícola Murchantina.

Los años sesenta y setenta conocieron gran desarrollo tras la implantación de algunas fábricas agroalimentarias, además del impulso generado por el polígono industrial de Tudela. Al claro aumento de población se unió el urbanismo con flamantes barrios y edificaciones como la nueva iglesia parroquial, el polideportivo cubierto, pionero en el Valle del Queiles, el campo de futbol, las piscinas municipales y el nuevo grupo escolar “Mardones y Magaña”. En la actualidad la economía de Murchante es fuerte y equilibrada, basada sobre todo en una rica agricultura de regadío intensivo y en sectores industrial y de servicios. La población no ha cesado de crecer convirtiéndose en una de las localidades más dinámicas de la Ribera de Navarra. En 2016 alcanzó la cifra de 3.906 habitantes y se encarama al quinto puesto entre los municipios más poblados de la Merindad de Tudela.